Toda casa empieza con una pregunta: cómo querés vivir. En un lote sobre el campo de golf, esa pregunta se cruza con otra —cuánto querés mostrarte y cuánto reservarte— y ahí aparece el verdadero proyecto.
El partido de esta casa nace de esa tensión. Los espacios sociales se abren al paisaje con una galería de grandes paños vidriados; los dormitorios, en cambio, se repliegan hacia el corazón de la planta, protegidos del sol del oeste y de las miradas del recorrido del golf.
La materialidad acompaña esa lógica: revoque símil piedra para anclar la casa al lugar, carpinterías de hierro para enmarcar las vistas, y un techo de chapa a dos aguas que da carácter sin caer en el pastiche. Cada decisión se tomó pensando en cómo envejece —no en cómo fotografía.
«La casa tiene que estar bien resuelta el día que no hay nadie mirando. Lo demás es decorado.»
[Texto del cuerpo a completar: proceso de diseño, anécdotas de obra, decisiones de materiales, fotos de avance. Mantener el tono editorial y rioplatense.]